La hipocresía de la lucha mediática contra el narcotráfico

Hace unos meses, un compañero de mi hermana organizaba una fiesta temática por sus 18 años. Una fiesta espectacular, muy bien pensada, con una excelente decoración, muy buena música pero con una temática un poco peculiar: Pablo Escobar. La celebración estaba inspirada en la novela El patrón del mal, y la verdad no tengo ninguna queja en relación a la fiesta; de hecho valoro el esfuerzo y la dedicación que invirtieron en ella. Me considero un fanático del cine y de las series; y en lo particular me hubiese encantado asistir a una fiesta con el estilo de la mafia italiana de los años 20s pero aun así, me quedé pensando, ¿por qué Pablo Escobar?

Supongo yo, no debe ser por la verdadera historia de Escobar, como mis razones para querer celebrar al estilo del Padrino, tampoco son por la verdadera historia de Al Capone; sino por las hermosísimas películas del género mafioso como: Goodfellas, Los Intocables de Elliot Ness y más. No se puede negar que hay un encanto en querer ser el villano de la película, no por nada las personas prefieren disfrazarse del Guasón antes que de Batman.

Meses más tarde y pareciera nada relacionado, el Ecuador recibe la terrible noticia que tres trabajadores del diario El Comercio fueron secuestrados por un grupo narcotraficante armado. Pasan los días y la noticia de la muerte de los secuestrados inunda las redes sociales y luego los noticieros, después de  que el presidente Lenin Moreno declarara de manera oficial el fallecimiento de los mismos. El país asume luto nacional, Ecuavisa apaga su señal por unos minutos en símbolo de respeto pero unas horas más tarde a través de su pantalla, con la tranquilidad del caso, se transmite la narconovela El señor de los cielos.

En los días siguientes la situación se repite. Los noticieros inundan su programación con declaraciones de las autoridades en contra del narcotráfico, se realizan decenas de operativos para detener a las bandas delictivas. Además de reportajes con información sobre Guacho, el autor del asesinato de los periodistas, información sobre el consumo de droga en el país, debates sobre el tema, insultos y críticas hacia los narcotraficantes, pero al cerrar el día El señor de los cielos, al igual que todas las noches, domina la programación de uno de los canales más vistos en el país.

Habría que no tener memoria para olvidar que las narconovelas predominaron en nuestras pantallas durante un tiempo. Producciones desde El cartel de los sapos, El Capo, Sin tetas no hay paraíso, hasta Rosario Tijeras y más; todas usadas con el fin de atraer al público y aumentar el rating. Todas mostrando el muy llamativo estilo de vida de los narcotraficantes. Todas mostrando una cara falsa de lo que involucra estar en ese mundo, que inevitablemente aunque haya una ligera reflexión sobre el tema, no es más que una vanagloria desmesurada a ese violento negocio.

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No se puede exigir censura, es decir, no se puede evitar que novelas de este género existan. Está bien que se realicen, cada quien es libre de generar el contenido que desee, de la misma forma cada quien es libre de consumir el contenido que desee. Lo que sí se puede hacer, es cuestionar la coherencia que tienen los medios de comunicación que deciden y compran las producciones para poder transmitirlas. No tiene mucho sentido que involucren tanto tiempo, esfuerzo e incluso pseudo reflexión sobre el tema del narcotráfico para de un golpe borrarlo todo presentando una narconovela que perpetúa la imagen admirable del narcotraficante. A este punto desconozco si los medios de comunicación están en contra o a favor del narcotráfico, o simplemente se benefician del mismo para generar más audiencias y por ende más dinero.

Investigaciones realizadas por la Universidad Laica Vicente Rocafuerte y la Universidad de Cuenca advierten que aunque no se puede demostrar una relación directa de los actos delictivos con la transmisión de las narconovelas, sí se puede probar que la presencia de las mismas insensibiliza al televidente alterando su percepción del entorno violento; familiarizándolo con las actitudes vulgares, la vestimenta y los estereotipos fomentados por las producciones, haciendo que los medios generen inevitablemente un círculo vicioso. Ellos proyectan violencia argumentando que es la realidad y los jóvenes consumen esa televisión de supuesta realidad, y la proyectan en comportamientos violentos que terminan alimentando la producción de la televisión en su área de noticias.

Los medios deberían considerar de manera más inteligente su programación y alinear sus ideales en relación con lo que transmiten. También reconocer y entender su compromiso con la sociedad, por un momento dejar de pensar en que es negocio y que no. Ya que de la misma forma en que una narconovela influyó en la temática de una fiesta, así mismo puede terminar influyendo en un acto violento del cual seguramente todos los medios de comunicación se aprovecharían para vender la noticia.

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