La viralidad del abuelito de Riocentro

Hace unos años se le atribuía el término “Activista de sillón” a las personas que mediante las redes sociales, y sin abandonar sus obligaciones habituales, realizaban activismo sobre un tema de su preferencia. Al inicio esta mención tenía connotaciones negativas porque para algunos representaba una forma holgazana de buscar un cambio, o les parecía un accionar totalmente improductivo; ya que permitía al activista y su lucha mantenerse en una zona de comfort.

En este momento, con el enorme crecimiento de las redes sociales y los grandes avances en el área de la comunicación podemos darnos cuenta que el “Activismo 2.0” o el “clicktivismo” como ahora se lo conoce al peyorativo término “Activista de sillón”, permite compartir e incluso involucrarse activamente en diversas luchas sociales desde el celular o la computadora; generando beneficios y cambios incluso más grandes (en algunos casos) que salir a gritar a las calles o abandonar todo e ir a otro lado del mundo buscando salvar una comunidad.

Uno de los casos más recientes del activismo digital en nuestra ciudad, fue la historia del abuelito de Riocentro, la anécdota contada por Carla Patiño @intelectuaIoide a traves de su cuenta de twitter, causó un revuelo tal que llevó al protagonista de su historia a recibir tratamientos médicos gratuitos y becas estudiantiles para sus nietos.

Lo interesante de este caso es que Carla no es la primera persona en darse cuenta de las dificultades que padece el señor Víctor Albán, de hecho hace 6 años el diario El Universo le realizó una nota, en donde contaban su historia y sus diversos problemas.

La interrogante que no sale de mi cabeza en este momento es: ¿Qué hizo Carla para lograr algo que uno de los mayores diarios de la ciudad no pudo hacer?, me refiero a transmutar la información de la noticia a acciones concretas que terminaron beneficiando al señor Victor Albán, aka el abuelito del Riocentro.

Existen muchos factores para tomar en cuenta, el primero podría ser el poder y el crecimiento actual de la redes sociales. Estos espacios digitales que usualmente son usados para informar, entretener o incluso burlarnos de los demás, como el reciente caso del niño “Hasta cuando no no no.” El cual es producto de una sociedad dispuesta a reírse con los problemas de los otros, en este caso de un niño tartamudo y que inevitablemente demuestra la viralidad de la información en nuestros tiempos.

En un espacio donde es común burlarnos de las desgracias ajenas, una anécdota de lucha e inspiración siempre es refrescante. No por nada el auge de las historias motivacionales o la cabida sorprendente que se le da a charlas como los ted talks, coaching o neuromarketing.

La historia del abuelito de riocentro es en cierta forma la historia de todos. Todos hemos perdido a un ser querido, todos hemos enfrentado adversidades, todos hemos decidido seguir luchando. Pero el factor más importante para que hayamos desarrollado esta empatía con el personaje, radica en el storytelling de Carla, en la forma como ella nos cuenta la historia y nos involucra con el personaje.

Si analizamos el relato, nos podemos dar cuenta que este tiene todos los elementos necesarios para que una historia sea un éxito: Nos contextualiza, nos presenta un personaje carismático, nos muestra las adversidades con las que tiene que luchar, nos muestra el drama de esa lucha, su conflicto actual, su forma de ver el mundo, las lecciones que ha aprendido e incluso lo hace mediante un arquetipo de historia conocido como: Quest o La Búsqueda. En donde el personaje lucha una y otra vez sin parar hasta lograr su objetivo.

Entonces, podemos entender porque la historia se volvió viral, tenemos una anécdota refrescante y muy bien contada en medio de burlas y simples memes; pero hay un factor clave y es quien cuenta la historia. A diferencia del diario El Universo que es un medio de comunicación masivo sin rostro que vive, se nutre y se beneficia de manera económica de sus lectores; Carla es una persona como tu y como yo, simplemente con ganas de querer contar algo de manera desinteresada y eso le da un valor especial.

Carla nos ayuda a recordar que todos podemos generar cambios desde nuestra trinchera y que inevitablemente (queramos o no) en esta época, todos podemos ser activistas digitales capaces de generar contenido que merece la pena compartirse. Ya no se necesita ser parte de ningún medio de comunicación masivo, solo tener una historia y saber cómo contarla.

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